“Yo nazco, yo marco”

En una de mis últimas entradas tuve la indecencia de menospreciar el dadaísmo en general y la escritura automática en particular. Ya entonces advertí, consciente de mis intenciones venideras, mi propósito de honrar y homenajear al movimiento de vanguardia más “anarquista” jamás conocido.

En primer lugar, ¿sabemos qué es el dadaísmo? El dadaísmo es un movimiento artístico que surgió durante la Primera Guerra Mundial como una forma de protesta ante los cánones que regían la sociedad y el arte. Se trata de uno de todos esos “ismos” que configuran las vanguardias.

De la mano de Tristan Tzara y Hugo Ball, el movimiento creció, se extendió y, lo más importante, se desmarcó de lo ya conocido. Contrarios al aburguesamiento del arte y violentaos por el “statu quo”, los dadaístas propusieron múltiples caminos para generar, de un modo innovador y efectivo, una verdadera revolución artística.

Lo ilógico, absurdo e irracional como pilar sobre el cual fundamentar esas nuevas formas de arte.

Para muchos, el dadaísmo ha sido considerado el anti-arte. A pesar de que gran parte de la producción dadaísta pueda ser absurda o incomprensible creo que esta afirmación es excesivamente simplista y me resulta, como mínimo, irrisoria. Más allá de la búsqueda del placer, el arte y el artista deben promover unos valores y remover unas conciencias. Los planteamientos, los preceptos dadaístas surgen de una necesidad de cambio, de una situación de descontento o desigualdad que mueve al intelectual a protestar. Esta protesta no se lleva a cabo en plazas y manifestaciones sino a través de la reconversión y, tal vez, degeneración del arte.

Los acertijos que plantea el dadaísmo en todas sus vertientes artísticas obligan a su espectador a reflexionar.

El primer ejemplo que os presento es “La fuente” de Marcel Duchamp.

¿Arte? ¿Sí o no? Dependerá de los ojos del que mire. Aún así es innegable que el dilema entraña discusiones muy profundas sobre las fronteras y valores del arte. El objeto industrial, el urinario, ha sido elevado a la categoría de objeto artístico. Se abandona la creación para aprovechar y reutilizar. El arte está presente en nuestras vidas sin que tengamos pleno conocimiento de ello.

Una vez mostrada esta fabulosa obra os confieso el porqué de esta entrada. Como ya he dicho, quiero homenajear al dadaísmo. Hablando de escritura y redacción creativa caí en la cuenta de que existen maneras, muy creativas también, de producir textos distintos y originales. Quiero hacer un poema dadaísta y digo hacer, no escribir. Para ello, he seguido las instrucciones que Tzara nos dejó:

Coja un periódico.

Coja unas tijeras.

Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.

Recorte el artículo.

Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.

Agite suavemente.

Ahora saque cada recorte uno tras otro.

Copie concienzudamente en el orden en que hayan salido de la bolsa.

El poema se parecerá a usted.

Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.

Para dar más personalidad a mi poema he buscado un artículo que fuera publicado el día de mi nacimiento. Éste ha sido extraído de la Hemeroteca de La Vanguardia (qué casualidad teniendo en cuenta que es poesía dadaísta). Tras observar las distintos sucesos que acontecieron, el día previo a mi nacimiento, he seleccionado “El príncipe culmina su viaje en un Sant Jordi marcado por el diálogo” de Oriol Domingo. Muchos recortes después, el resultado es una composición que titulo “Yo nazco, yo marco”. Espero que lo disfrutéis.

“Yo nazco, yo marco”

 

Marcado sino el la

Jordi entendimiento espacio

demuestra ambiente de entre

al Felipe cohesión Pujol

viaje ética persona

la del papel Corona

de Sant Pronunciado diálogos

Pujol falta el también cuerpo

relieve acogida Príncipe

convivencia se con cardenal

presidente distendido favor de

problemas despedirse de visita

diversas posteriormente

importante elevado

su capacidad marco

Os dejo el link por si os apetece leer el artículo original:

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1990/04/24/pagina-11/33020945/pdf.html

Aaron Calatayud

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